Demagogia de su presidente captó la atención de muchos que hoy se arrepienten de haber dado cabida a un gobierno que sume a Colombia en la crisis política, económica y social más profunda de toda su historia democrática. Pese a haberse mostrado como el presidente del pueblo, el que movía las masas para gestar el cambio, Gustavo Francisco Petro Urrego difícilmente podrá distanciarse de la desestabilización del país que se acrecienta cada día. Ánimos caldeados que atizaron la violencia desde las primeras líneas gesta el caos que estratégicamente se diseñó desde la izquierda en busca de conducir a una Asamblea Nacional Constituyente que delinee la nación que tanto soñaron los actores en armas del conflicto más antiguo del continente. Prepotencia que oculta grandes impotencias es la que pasa factura de contado al Sensei humano que, usando el artilugio de la palabra, engañó al pueblo sin la más mínima señal de vergüenza para imponer unas reformas que no trascienden más allá del imaginario popular, es lo que afirma el periodista-investigador-coaching digital, Andres Barrios Rubio, en la columna de opinión en AlPoniente.com que esta semana tituló «¡Radicalismo total!» y amplía en el podcast «Panorama Digital».

Para el PhD. Barrios Rubio gobernanza desde Twitter, inestabilidad ministerial, mitomanía constante, delirios de persecución permanentes, obcecación ideológica, son factores que delinean el desespero y obstinación de su presidente. Sensei de la izquierda denota que la democracia le quedó estrecha, y ahora busca el caos perfecto, para imponer su ley. El corto plazo ha sido más que necesario para comprobar que lo que tanto se advirtió no era una mentira infundada, aires dictatoriales de su mandatario salen a flote al ver que la coalición de gobierno hizo agua en el primer momento coyuntural de las reformas en el legislativo. Ira santa, que sacó chispas en la Casa de Nariño, trajo un fuerte remezón en el equipo ministerial y atizó un nuevo llamado de ciudadanos a la calle para revivir el balcón populista en la Plaza de Armas.

Cambio en el que creyeron 11.281.013 ciudadanos poco a poco se va desdibujando, y deja en la ignominia a esos cerebros que dieron su voto, y apostaron por un giro de 180º, sin dimensionar el peligro que estaba por venir. Discurso con hilo conductor de violencia, que se quiere exaltar, encrespa los ánimos de las capas jóvenes, de las masas populares, que envalentonadas van a la vía pública en defensa del estado totalitario que propone la izquierda progresista colombiana. Grupos de choque, “colectivos petristas”, que se tomaron las calles en los últimos días, avivan la intimidación poblacional como parte de un juego estratégico en el que se imponen las transformaciones políticas, económicas y sociales, al tiempo que se habla de negociación, y paz total, con los criminales.

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