Corto circuito de su presidente, con el constituyente primario, exalta los ánimos de la población que atónita observa cómo se traslada a los escenarios internacionales las tensiones internas. Viaje a Francia, que se prolongó sin justificación, trajo pronunciamientos complejos contra empresarios, medios de comunicación y los ciudadanos que osaron a salir a protestar contra las reformas del gobierno, estigmatización de un sector poblacional que puede generar un conflicto sin proporciones. Crisis coyuntural que se teje ante la ingobernabilidad, de Gustavo Francisco Petro Urrego, llama a hacer un alto en el camino, recomponer la agenda legislativa y tratar de fijar alianzas que permitan renegociar las transformaciones del cambio. El ejercicio de la democracia exije dejar de lado las prepotencias, aceptar al otro, y desde las diferencias construir un cambio social que de armonía al futuro en el corto, el mediano y el largo plazo, es lo que afirma el periodista-investigador-coaching digital, Andrés Barrios Rubio, en la columna de opinión en AlPoniente.com que esta semana tituló «El peso del pasado en el presente» y amplía en el podcast «Panorama Digital».
Para el PhD. Barrios Rubio incapacidad de diálogo, por parte del gobierno del cambio, no solo es el reflejo de la prepotencia de su presidente, que considera que tiene un mandato divino, sino la base estratégica de un mitómano que manipula la opinión pública para imponer una narrativa que normaliza la criminalidad y destruye la moral del colectivo social. Mesianismo que se quiere instituir en la figura de Gustavo Francisco Petro Urrego resulta grave para el país. La propuesta de cambio, que vendió la izquierda a las clases populares, perdió la objetividad y quiere ahora implantar, en el imaginario ciudadano, un relato de sufrimiento, y lucha por la igualdad social, que lejos está de sus intereses particulares. Postura radical de su mandatario, que no admite algún tipo de negociación frente a las reformas y las políticas progresistas que se quieren implantar, llevan a que se descalifique a cualquiera que se atreva a criticar o cuestionar el rumbo político, económico y social que está tomando la nación.
Los discursos plagados de odio y polarización, contra los medios de comunicación y el sector productivo nacional, son la gesta de un cacique que, con su improvisación, termina por no hacer absolutamente nada y agrava los problemas de Colombia. No cabe duda de que las reformas sociales son necesarias, pero su trámite, discusión y consenso deben ser en democracia y NO en imposición dictatorial como pretende su presidente. El séquito de comunes aduladores, que gira entorno a Gustavo Francisco Petro Urrego, es la caja de resonancia de una política que utiliza a los más necesitados para lograr sus objetivos.