Hipocresía del colectivo colombiano transita entre lo políticamente correcto, en las redes de actuación social, y lo que verdaderamente se expresa en el ámbito personal. Fragmentación, ideológica y política, que impide reconocer que entre el blanco y el negro se encuentra el gris, ceguera irracional que entorpece la expresión de sentimientos, el reconocimiento del otro y el respeto por la convicción o visión particular que se tiene de la realidad colombiana, es lo que afirma el Director del Departamento de Comunicación Social y Cinematografía de Utadeo, Andrés Barrios Rubio en la columna de Pulzo.com titulada «Colorado un rato, pero no descolorido toda la vida» y que se amplia en el podcast Panorama Digital.
Para el PhD. Barrios Rubio existe un protocolo de apariencia que, en la charla social, conversación cara a cara, está distante de la franqueza y la relación amena; expresión de preocupaciones y propuestas que agudizan las diferencias, algunas irreconciliables, entre los colectivos sociales. Atomización conceptual desde el discurso de las ONG, organizaciones sociales y la oposición política que construye una narrativa, de odio y dolor, que parece establecer en Colombia una estratificación, de víctimas y victimarios, que endulza los diferentes sapos que se tienen que tragar los colombianos en la etapa de posconflicto.
Llegó el momento de dejar los chantajes, el matoneo y las excusas que acrecientan las diferencias entre unos y otros, entre todos hay un elemento común que es la nacionalidad colombiana y la fe, pujanza y ganas de refundar al país en el marco de la paz. El apoyo y solidaridad piden reconocer y dar estatus al valor de la vida en medio del fenómeno social que azota los diferentes rincones de la geografía nacional.