Dice el adagio popular que a explicación no solicitada acusación manifiesta, proclamación constante de transparencia, en diversos sectores, solo siembran las dudas sobre lo que verdaderamente ocurre en cada una de las esferas del entramado social colombiano. Entorno de hedor a corrupción plagado de maniobras para ocultar malquerencias de lo “políticamente correcto”, eso mismo que tiene señalamiento directo a cada una de las malquerencias de la clase política que sacan a flote las artimañas para hacer negociaciones por debajo de la mesa, presionar acuerdos, pagar favores y gestar heróicas faenas desde el yo te elijo, tu me eliges; es lo que afirma el periodista, investigador y coaching digital, Andrés Barrios Rubio, en la columna de opinión en Pulzo.com que tituló «Tramparencia» y amplía en el podcast «Panorama Digital».
Para el PhD. Barrios Rubio existe una danza de millones, diversidad de intereses que desde la macro–cultura del poder, de lo público, estandariza normas de comportamiento en los micro–círculos de acción, espacios donde ególatras dirigentes se llevan por delante a quien sea para acomodar su ajedrez y satisfacer la vanidad de ese usted no sabe quién soy yo y hasta dónde se está dispuesto a llegar por conseguir lo propuesto. Estigmatización secreta, deontológica, que menoscaba comportamientos serios y profesionales, degradación psicológica que pisotea e irrespeta la esperanza de una generación que se prepara para asumir el reto que ahora plantea la historia, pero es cerrado con un portazo temeroso de quienes se intimidan por el éxito y la capacidad de otros.
Transparencia de actitud que se convierte en insumo, y requisito de primera necesidad, para garantizar el equilibrio de una sociedad sumida en el cohecho, la indelicadeza y la impureza en todas sus esferas; ceguera y sordera que dan bofetada a la integralidad de quienes mirando desde el espejo retrovisor omiten la viga en el ojo propio. Desconocimiento del concepto de vergüenza que llama a preguntar por qué las autoridades de control se hacen los de la vista gorda para velar por el adecuado cumplimiento de la ley. Ministerios, Superintendencias y demás entes de control y vigilancia no se percatan que la maldad carcome el juicio y la coherencia social, descomposición que, venga de donde venga, obstaculiza la oportunidad de desarrollo de la nación.