Se les dijo, se les advirtió, se les insinuó y no hicieron caso, diciembre vino con su alegría y emoción. Alboradas en Antioquia, fiestas del 24, Feria de Cali, reuniones del 31, Feria de Manizales, y miles de eventos en donde se superaron los contagios y en donde la gente no supo conservar los protocolos de bioseguridad, consecuencias que hoy se ven en salas de urgencia, centros de prueba COVID, colapso de unidades de cuidados intensivos y todo lo que tiene que ver con el tratamiento del SARS-CoV-2. El entorno es de preocupación, de encender alarmas, por lo que se viene a nivel de un cuarto pico de la pandemia y ya pasa una cuenta de cobro en Bogotá, Medellín, Cali y principales ciudades. Muchos estuvieron por la costa y ahora el problema llega al centro del país, escenario que llama a decir… «Dura realidad«, columna de opinión en Pulzo.com que el periodista, investigador, coaching digital, Andrés Barrios Rubio, amplía en el podcast «Panorama Digital».

Para el PhD. Barrios Rubio la irresponsabilidad gubernamental, empresarial y social pasa factura a los colombianos que afrontan las consecuencias del relajamiento decembrino. Cultura de la indiferencia que tanto afecta al colectivo ciudadano fue el fiel reflejo de lo vivido por los colombianos en el cierre de 2.021, y que ahora tendrá su coletazo de secuelas en el inicio de 2.022. Reactivación económica del comercio, promoción del turismo, cielos y mares abiertos, aforos al 100%, reuniones familiares, ferias y fiestas, fueron bien recibidos por un alto porcentaje de la población que se olvidó que el SARS-CoV-2 sigue presente y sus efectos son letales. Índices de infección, complejidad del cuarto pico de la pandemia, pulverizan el retorno a la normalidad de quienes ya sienten los síntomas del contagio y comprueban que el que juega con candela tarde que temprano se quema.

Testarudos personajes que insisten en minimizar el fenómeno, y se niegan a vacunarse, son los que ponen en jaque, vulnerables e indefensos, a quienes buscan salir de la coyuntura y hacer frente a la crisis que la COVID-19 trajo consigo. Mezquina política del “todos en algún momento se tendrán que contagiar y algunos podrán morir”, que tomó carrera, para distensionar las restricciones que se debían mantener, denota el “importaculismo” de una sociedad que se niega a aprender de las experiencias de otras naciones. Uso permanente del tapabocas, en espacio público o zonas de reunión, distanciamiento entre las personas, lavado constante de las manos, límites a la capacidad de admisión, y protocolos básicos de bioseguridad, son lineamientos que hacen parte del diario vivir y, así incomoden a muchos, se deben mantener.

Lea la columna completa acá.

WhatsApp Chat WhatsApp