Crisis coyuntural que se teje entorno a la paz total del gobierno, testaruda apuesta de la izquierda por pontificar a los criminales por encima de los ciudadanos de bien, afronta su crisis más profunda, el asesinato de los cuatro menores indígenas ha trasgredido el Derecho Internacional Humanitario y los límites de la coherencia. Freno que impuso Gustavo Francisco Petro Urrego al cese bilateral al fuego era necesario, el problema está ahora en lo que vendrá, y la apuesta que tendrá su mandatario, para sacar adelante el eje sobre el que gira su plan de desarrollo. Al margen de la mezquindad, el desorden, la fuerza pública desmoralizada y desmembrada, la población colombiana dividida, la crisis económica, los grupos armados en crecimiento, y el caos que representa el gobierno del cambio, Colombia necesita unirse para construir un camino a la reconciliación desde las diferencias, es lo que afirma el periodista-investigador-coaching digital, Andrés Barrios Rubio, en la columna de Alponiente.com que esta semana tituló «FARCsa total» y amplía en el podcast «Panorama Digital».
Para el PhD. Barrios Rubio masacre de cuatro niños indígenas debe ser más que suficiente para hacer un corte de cuentas, y replantear la política de paz propuesta por el gobierno del cambio. Mano firme es la que se requiere frente a unos criminales que aprovecharon el cese bilateral al fuego, y 5 meses, para fortalecerse y recuperar territorios. Difícil será para su mandatario, Iván Cepeda, María José Pizarro, Gustavo Bolívar, y demás actores de la izquierda, tapar con un dedo la cruda realidad que transita la apuesta de paz que propusieron al país. Locuacidad discursiva en medios de comunicación y plataformas digitales, que se emplea para desviar la atención, no encuentra cómo explicar y justificar que se limitó, por decisión gubernamental, la capacidad militar-operativa de la fuerza pública agudizando la inseguridad en la nación.
Fracaso estruendoso ha sido el diseño de un proceso del que, paso a paso, se han bajado las organizaciones al margen de la ley. Divergencias con el ELN por anuncios sin acuerdos previos, paro armado del Clan del Golfo en el Bajo Cauca, reclutamiento y masacre de niños por parte de las “disidencias” de las FARC, son la materialización de la baja, por no decir nula, voluntad de paz que tienen los grupos al margen de la ley. El no combatir, y aplicar el peso de la justicia, a los delincuentes es lo que permite que grupos criminales sigan secuestrando, extorsionando, matando soldados y patrullando amplias zonas territoriales como si nada.