Inseguridad desbordada en la capital de la República tiene los ánimos atizados de los ciudadanos, homicidio en TransMilenio, asesinato en la calle por robar una gorra, fuego a quemarropa en la puerta de las casa de los ciudadanos, denota una violendia que está llevada al extremo con armas blancas y de fuego para intimidar y generar el pánico colectivo. Fenómeno que en Consejo de Seguridad la alcaldesa, Claudia López, atribuyó e indilgó a la migración venezolana, actitud xenofóbica que da nacionalidad al crimen para algunos, está sustentada en la percepción y realidad de lo que a diario ocurre y se vé en las calles de la Capital; conexidad de cada uno de los hechos con la presencia de migrantes y la mendicidad que se desata en cada una de las esquinas, es lo que afirma el periodista, investigador y coaching digital, Andrés Barrios Rubio en la columna de Pulzo.com que ha titulado «¡Fácil criticar, difícil gobernar!» y amplía en el podcast «Panorama Digital».
Raponazo, robo en vehículo, persecución en entidades financieras o instituciones de comercio son un punto de saturación que llama a preguntar dónde está la alcaldesa y sus funcionarios, dónde hay una política gubernamental diferente a buscar endilgar culpas al vecino, dónde se amarran los pantalones y ponen mano firme para controlar una ciudad que se le está saliendo de las manos. Expiar culpas del Palacio de Lievano en la Casa de Nariño parece ser el derrotero de una administración incapaz de hacer frente a los problemas coyunturales de la Capital.
La inseguridad más que un tema de percepción se convirtió en un problema que “se salió de madre” en la ciudad de Bogotá, a diario los ciudadanos se enfrentan a hechos insólitos que sin distingo de edad, zonas, clases sociales o género reportan heridas de consideración, ataques de lesiones desproporcionadas, enfrentamientos con la fuerza policial, robos masivos en el transporte público, intimidación con armas en las calles, entre otros factores. Biósfera social en la que un importante porcentaje de capitalinos afirma haber sido víctima de algún delito, y no les permite estar tranquilos en su propio entorno de vivienda, a consecuencia de bandas de crimen organizado, binacionales, que operan principalmente en las localidades de Kennedy, Rafael Uribe, Bosa, Usme y Suba, pero no dejan al margen otros sectores de la ciudad.