Sucia es la política, ataques a la dignidad, la honra y el buen nombre que están a la orden del día en medio de esta contienda por la presidencia de la República llama a mirar muy de fondo las posturas de aquellos ídolos, políticos, caciques, que enmarcan la tendencia en el electorado colombiano. Zorros viejos que fungen de corderos mansos, pero traen consigo profundas intenciones de desestabilizar en ente democrático de una nación. Se está al frente de un entorno que apuesta por una política non-sancta de lo que puede venir y de lo que será un entorno de confrontación ideológica y mayor polarización que no atiende las necesidades de un país en reconstrucción para retomar una nueva normalidad que lo encause en ese rumbo que traía antes de la pandemia; es lo que afirmó el periodista-investigador-coaching digital, Andrés Barrios Rubio, en la columna de opinión en Pulzo.com que esta semana tituló «Pacto histriónico» y amplía en el podcast «Panorama Digital».
Para el PhD. Barrios Rubio intolerancia, insultos y acosos de bodegas incendiarias son el entorno de una propuesta que distante está de la coherencia entre el discurso y la acción. Miedo que circunda el proceso electoral está secundado por un clima de violencia que ya cobra víctimas, urgente ajuste en la estrategia de comunicación debe acompañar a una alternativa política que atiza el sentimiento de zozobra de la población colombiana. Milicias urbanas, que se fortalecieron desde el accionar de las primeras líneas, exalta la miopía gubernamental que dejó crecer un fenómeno, que ahora se sale de las manos, por dejar de lado la estructura de una seguridad democrática en pro de los intereses de una ideología que está en el afán de capitalizar formas de indignación.
Tinte revanchista que se esgrime en cada pronunciamiento que acompaña al candidato presidencial y la fórmula vicepresidencial del Pacto Histórico, en plaza pública y los medios de comunicación convencionales y digitales, son una apuesta de odio que pide reflexionar y entender las causas de una política del fanatismo que sindica, de enemigo y paramilitar, a todo aquel que no está de acuerdo con ellos. Destrucción de la democracia inicia con la mitomanía de una fuerza política que se niega a condenar las evidentes acciones terroristas que circundan el entramado social colombiano, culto de la apariencia, sustentado en la motivación política, que calienta el ambiente desde un populismo que hace temer por lo que puede venir cuando verdaderamente logren su propósito y ejerzan el poder.
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