Apremiante coyuntura se desata con el enfrentamiento de la policía y la ciudadanía, confrontación abierta que deja mucho que pensar y diversas variables que se deben abordar con una situación que toca fondo y atiza la protesta y el inconformismo ciudadano. Extralimitación de funciones, uso desmedido de la fuerza desde la posición dominante de la autoridad, atemoriza al ciudadano y siembra un peligroso régimen de represión que atomiza la manifestación popular que desde finales de 2.019 se toma las calles de cada una de las poblaciones colombianas. El bando institucional, como el eje de acción poblacional, tiene en su interior manzanas podridas que se deben erradicar y llaman a propiciar una transformación tanto en la forma en que se ejerce el derecho a la manifestación, así como la manera en que se controla el orden público, es lo que afirma el periodista, investigador y coaching digital, Andrés Barrios Rubio, en la columna de Pulzo.com que esta semana tituló «Huevitos podridos» y amplía en el podcast «Panorama Digital».

Para el PhD. Barrios Rubio el examen de cada una de las variables que conforman la globalidad de los acontecimientos llama a una reforma al interior de la fuerza pública, necesidad imperiosa de cambio que enciende las alarmas al ver la conexidad de situaciones y el interés de vinculación de fuerzas externas, ex–militantes de grupos armados que no ocultan su interés de hacer parte de la estructura policial y militar de Colombia. Polarización política e ideológica emerge nuevamente y saca a flote la discusión del papel que deben cumplir el Ejercito y la Policía en un país en etapa de postconflicto, la conveniencia de actores democráticos sin pagar penas y reincorporarse de manera total a la vida civil, y el cómo abordar el orden público en medio de la desestabilización que proponen frentes democráticos.

Odio visceral que circunda el ambiente nacional acrecienta las divergencias de un colectivo que no resiste la actuación o pensamiento de las corrientes ideológicas contrarias. Polarización que invade la cultura nacional más que un fenómeno político ligado a caudillos o movimientos particulares es una manifestación de intolerancia que depende de cada uno de los actores del entramado social. Descontento ciudadano que se toma las calles y tuvo su clímax el 21 de noviembre de 2.019 y protestas posteriores, pero que se apaciguó por el confinamiento, ahora reaviva su llama por la profunda estupidez táctica y operativa de la Policía Nacional.

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