En el campo de la economía, los datos numéricos suelen ser más convincentes que las declaraciones verbales. En Colombia, sin embargo, ocurre lo contrario: es la política la que define el pulso de la inversión. Las tensiones entre Gustavo Francisco Petro Urrego y el sector empresarial, así como la volatilidad en el Congreso y el temor a una eventual toma de posesión sin cambio de rumbo, han transformado la política en el mayor factor de riesgo. En el clima económico actual, las empresas están menos preocupadas por la inflación o el valor del dólar, y más por la incertidumbre que rodea a un país sin regulaciones claras. La decisión de invertir no viene determinada principalmente por factores macroeconómicos. Más bien influye en ella la percepción de la estabilidad institucional, que actualmente está en entredicho. Los discursos de su presidente tienen un efecto perjudicial en la confianza de los inversores. La política se ha convertido en un factor de riesgo que obstaculiza la inversión, paraliza los proyectos y engendra un futuro de incertidumbre. Es lo que afirma el periodista-investigador-coaching digital, Andrés Barrios Rubio, en la columna de opinión en AlPoniente.com que esta semana tituló «La política como riesgo de inversión» y amplía en el Podcasts «Panorama Digital».
Para el PhD. Barrios Rubio Colombia vive actualmente un periodo en el que la política se ha convertido en un factor de riesgo más que en un escenario de confianza. El trágico y prematuro fallecimiento del senador y aspirante presidencial Miguel Uribe Turbay ha exacerbado las tensiones ideológicas. A esto se suman la creciente tensión diplomática con Perú, las presiones sociales expresadas en protestas regionales, como el paro minero en Boyacá, y la ausencia de un panorama electoral claro para 2026. En conjunto, estos factores han generado un ambiente de incertidumbre que es seguido de cerca por el empresariado nacional. En el Congreso Empresarial Colombiano celebrado en Cartagena, se afirmó que la inestabilidad política está teniendo un efecto negativo en la confianza de los inversores, tanto a nivel local como internacional.
No se trata de una mera respuesta a corto plazo a los últimos acontecimientos, sino de una preocupación de larga duración en un entorno cambiante caracterizado por la rápida evolución de las normas y la competencia entre facciones ideológicas. La comunidad empresarial colombiana, famosa por su resistencia ante la adversidad, se enfrenta actualmente a un nuevo reto: anticiparse a las tendencias futuras en un presente marcado por la incertidumbre. La inversión requiere un marco temporal claro, y el panorama en Colombia es actualmente incierto debido a las continuas tensiones políticas, el debilitamiento del consenso democrático y la percepción de que las decisiones del estado se rigen más por la situación inmediata que por una perspectiva a largo plazo. Además de la estabilidad fiscal, las empresas necesitan confianza en las instituciones, seguridad jurídica y un liderazgo político que reconozca la importancia de establecer condiciones claras para el desarrollo.