Inseguridad campante que reina en cada una de las ciudades colombianas atiza la percepción y la realidad de miedo en cada uno de los ciudadanos, tranquilidad para ir a la esquina, entrar a una tienda, disfrutar en un lugar el fin de semana, en fin, el diario vivir al que se estaba acostumbrado cada uno está en serio peligro con lo que ahora ocurre en cada una de las poblaciones. Desmanes que no alcanzan a ser controlados por la policía son una confrontación de una fuerza política y unos gobernantes contra la libertad y orden que debería reinar bajo el control de la fuerza pública. La sin salida que está atravesando la nación colombiana tiñe un entorno que pinta el camino electoral bien complejo, contorno desde el que se miden fuerzas a través de la seguridad y lo que se vendió en algún momento desde la extrema derecha y se ataca sin una solución y demostración desde la izquierda, es lo que afirma el periodista-investigador-coaching digital, Andrés Barrios Rubio, en la columna de opinión en Pulzo.com que esta semana tituló «De la percepción a la realidad» y amplía en el podcast «Panorama Digital».

Para el PhD. Barrios Rubio el discurso mamerto de minimizar la delincuencia envalentonó a los criminales y desbordó la inseguridad que amedrenta al ciudadano. Resultados de la encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana victimización 2020 y percepciones 2021, revelada por el DANE, este miércoles, exalta la preocupación de muchos y refleja la incoherencia política de quienes se atreven a ir a otras naciones a hablar de seguridad ciudadana mientras la ciudad que administran transita un mar de delincuencia. Haberle entregado las llaves de las ciudades a los vándalos, en aras de proteger el legítimo derecho a la protesta y la manifestación pública, conlleva a que cada día las personas no vivan sino sobrevivan al miedo, la zozobra y el terror que trae consigo el desequilibrio propio de una sociedad que carece de gobierno y justicia.

Agenda noticiosa concentrada en actos de violencia, atracos a mano armada, justicia a propia mano, entre otros hechos, que son cotidianas en Bogotá, y el resto del país, son el reflejo de una realidad en la que no se brindan garantías de tranquilidad ni en un centro comercial. Mandatarios que dicen ejercer el poder, pero parecen no haberse posesionado porque fungen de analistas políticos, o candidatos en campaña permanente, son los que atizan en el ciudadano un delirio de persecución en el que todos creen que les van a hacer algo, mientras no les están haciendo absolutamente nada. Falsos positivos, desplazamientos, corrupción, desigualdad social, robo de tierras a campesinos y la política de miedo son el eje de un discurso de izquierda que ataca la estrategia de la seguridad democrática, pero en cifras, o acciones al frente de cargos de elección popular, poco y nada han mostrado.

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