Llegaron las vacunas y con ello llegó el instinto de la sociedad colombiana, empezaron a perderse vacunas, salió a flote la ley del más fuerte para ver cómo se saltan la cola o se beneficia a la familia, amigos o a quienes no están incluidos en la lista prioritaria de vacunas. Pensamiento llamado a recoger y que pide un cambio de todos los estamentos sociales, pero que es el reflejo de lo que pasa en la política, en el día a día de la moto andando por el anden, del ciclista pasándose el semáforo en rojo, del que se salta la cola para llegar al bus, de todo eso que se normaliza y que se ve como normal a cada instante; aquello distante de la moral, del comportamiento ético que se esperaría después de un momento de coyuntura. Lo que viene es un camino largo, espacio de recuperación que necesita del aporte de todos y se cambie en algo esa actitud que ha caracterizado al pueblo colombiano, es lo que afirma el periodista, investigador y coaching, Andrés Barrios Rubio, en la columna de opinión en Pulzo.com que esta semana tituló «Actitud comportamental que eclipsa la realidad» y amplía en el podcast «Panorama Digital».
Para el PhD. Barrios Rubio el proceso de vacunación saca a flote la “malicia indígena” colombiana desde el atroz pensamiento de creerse más avispado que el otro en medio de una cultura tramposa. Sociedad en la que el vivo vive del bobo, escenario en el que parece correcto colarse en el bus o apropiarse de los refrigerios de los niños, pasa la página para circular el capítulo de las vacunas que denota la mezquindad ciudadana en una perfecta muestra de la pobre educación en valores y principios del colectivo colombiano.
Pensamiento del todo vale resta significado a las adecuadas normas de comportamiento y por eso policías, taxistas, políticos, gobernantes, médicos, periodistas, y la población en general, hacen de la trampa parte de su diario vivir; inadecuado comportamiento, con muy pocas consecuencias, en donde por resultados se premia al deshonesto sobre el recto y lo malo se ve bueno mientras lo bueno se ve como malo. Cultura ciudadana desvanecida por innumerables actos distantes de la transparencia y la legalidad son la expresión más clara, y por demás terrible, de que se perdió el rumbo del adecuado comportamiento que conduce al camino correcto guiado por el faro de la ética.